Hola a todos, ya estoy de nuevo disponible para este nuevo curso.
Bueno, comenzaré diciendo que de momento estoy muy satisfecha con lo que estoy aprendiendo y que espero que este curso sea tan gratificante como los anteriores.
Mis objetivo principal de esta sección del curso es conocer las diferentes metodologías y aprender todo lo posible sobre los enfoques educativos, pero en ocasiones ciertas cosas con las que no contamos aprender terminan siendo las más enriquecedoras, así que sobretodo, estoy con las orejas y los ojos muy abiertos pasa captar toda la información que pueda ser útil para mi formación.
Entrando en la materia de la presentación, bueno, algunos ya me conocen, soy periodista especializada en deporte, una de mis pasiones, la otra siempre ha sido aprender idiomas, hablo inglés, italiano, portugués y un poco de alemán.
He tenido muy diferentes experiencias con los idiomas, algunas estupendas y otras no tanto, y estoy convencida de que uno de los factores determinantes que marcan la diferencia entre una experiencia satisfactoria o por el contrario un mal trago, es el profesorado.
Me explico, a lo largo de mi vida educativa, desde muy pequeña, empecé a adquirir ciertos conocimientos de inglés. No recuerdo mis primeros pasos con este idioma, ya que era muy niña, pero sí tengo algunos recuerdos interesantes.
Recuerdo que con doña Toñi me lo pasaba pipa, estaba deseando que llegase la hora de inglés porque toda la clase hacía un corro gigante y nos dedicábamos a cantar canciones en inglés (todavía las recuerdo con claridad) y a hacer juegos entre nosotros utilizando siempre palabras en inglés y que luego le contaba a mi madre todo lo que había aprendido. Esa fue una de las profesoras que recuerdo con más cariño, y no solo porque enfocaba el aprendizaje como un juego (estamos hablando de clases de niños de 6 o 7 años), sino porque cada día nos tenía preparado algo nuevo y sorprendente.
Años después, en 6º de primaria (tendría unos 11 años) me tocó una profesora de la que no guardo tan grato recuerdo. Doña Alfonsi se llamaba la susodicha. Nos dedicábamos a colorear y a hacer manualidades (con 11 años!!). No planteaba ningún reto cognitivo a los alumnos, ni incentivaba nuestras inquietudes. Ese año, mi madre me apuntó a clases de inglés extraescolares, puesto que parece ser, que ella también se daba cuenta de que el nivel que daba esa profesora no era muy bueno. Recuerdo que con mi profesora particular aprendí 10 veces más que con Doña Alfonsi.
El paso por el instituto fue muy variado, aprendí mucha gramática pero recuerdo que casi todos los profesores abusaban de los ejercicios escritos de gramática y comprensión escrita y en las clases escaseaba la interacción oral y los ejercicios de debate y comprensión oral.
Tuve una profesora que se centró casi plenamente en la pronunciación. Aprendí mucho con ella, pues daba las clases desde el primer minuto hasta el último en inglés.
Por último, antes de entrar en la universidad, pasé dos veranos en Bournemouth, al sur de Inglaterra. Allí, me apunté a una escuela donde estudiábamos alumnos de diferentes países y culturas. Fue la experiencia más enriquecedora que he vivido. Además, conviví con una familia de la ciudad que supuso para mi un refuerzo extra. Esas clases, estaban planteadas de una manera diferente a la que estaba acostumbrada en España. De las dos horas de clase, casi todo el tiempo lo dedicábamos en ejercicios de interacción oral entre alumnos, actividades dinámicas, en las que resolvíamos dudas nosotros mismos, ayudándonos unos a otros.
Tras esta experiencia continué con mi formación estudiando para obtener la titulación de Cambdridge y el título de la Escuela de Idiomas de manera autónoma.
Como veis, experiencias muy diferentes con un mismo idioma, dependiendo de la metodología empleada y también del profesor que impartía las clases.
No me meto a hablar de las experiencias con otros idiomas porque me enrollaría demasiado, pero básicamente es lo mismo con todas las lenguas que he aprendido, buenas y malas experiencias que casi siempre dependen del tipo de profesor que imparte las clases. De ahí mi interés en aprender todo lo que pueda para evitar cometer esos fallos a mi juicio determinantes a la hora de que un alumno quiera continuar con una lengua o abandonar.
En mi escasa experiencia como docente de lenguas extranjeras siempre intento actuar recordando la parte positiva de lo que aprendí de esos buenos profesores, imitándolos un poco y evitando esas cosas que no me gustaban.
¡Un saludo a todos!
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